Cho Seung-Hui era un perdedor:
"Un estudio divulgado por el Universal, señala que los rasgos de la cara de Cho Seung–Hui, muestran que era un perdedor, además de ser mezquino y codicioso.
Según Malú Grajales experta en fisiognomía, Cho Seung–Hui, el hombre de 23 años de origen coreano que el lunes pasado asesinó a 33 personas e hirió a otras 15, dijo que las cejas hablan mucho acerca de su constitución general, el estado de salud, esperanzas y metas. “Cho Seung–Hui era una persona muy introvertida. Acostumbraba guardarse todo y se observan muchas probabilidades de que no hubiera llegado a la vejez”, dijo Grajales." http://www.elmundonewspaper.com
Hans Magnus Enzensberger se refiere al perdedor radical. Interesante el término y cito: “Nadie se interesa espontáneamente por el perdedor radical. El desinterés es mutuo. En efecto, mientras está solo (y está muy solo) no anda a golpes por la vida; antes bien, parece discreto, mudo: un durmiente”. Fácil pensar en los desclasados, en los marginados que hacen tromba en alguna barra, en el desempleado que hace cola y revisa su El Comercio dominical por si hay novedad (pocas veces la hay). ¿Cuántos perdedores radicales alberga nuestra querida sociedad?
Imagínense si a algún presidente idiota se le ocurriera distribuir revólveres entre la gente, una ración familiar de balas y saquitos de pólvora para completar el paquete. Imagine al que llega tarde a su casa para gomear a su mujer con una AKM porque lo gritoneó el patrón o al jalado en clases con una Smith Wesson. Imagínese nomás al jubilado patriota que en vez de encadenarse a las rejas de la Plaza Bolivar se encarama en la vereda para pulverizar las lunas polarizadas de un congresista. Imagínese a las barras bravas, a la CGTP, al borrachín de 5 esquinas que vive de prestado.
En Occidente quien no gana algo, pierde. Hay una suma cero, una profecía autocumplida medio perversa. Quien se compra un Mercedes o un terrenito en La Molina es porque en malos pasos anda, lava dinero o se las tiene bien con el cartel de Tijuana. Porque (y sobre todo en el Perú) ganar es un pecado, genera culpa. Bien nos cabe la frase de Balzac, “detrás de toda fortuna hay un crimen”. Y así como los peruanos no toleramos el éxito ajeno, tampoco toleramos nuestras propias derrotas, rige la ley del perro del hortelano.
¿Se han fijado en las rabias cainitas de nuestros escritores? Lea los blogs y se sorprenderá de los odios gratuitos y de los ácidos que se vierten en nuestro mundillo literario. Tal colerina sólo la he percibido en el vedettismo, ni siquiera en la política, que cobija odios más calculados).
Si seguimos jugando con la baraja de las posibilidades que da la libertad de armarse imaginen a nuestros novelistas, cuentistas y poetas en una coboyada infernal, dándose de balas, enfurecidos ¿Cuántos Cho habrán en nuestro Olimpo literario?
martes, 24 de abril de 2007
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